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El felino más exótico de de Europa está al borde de la extinción. En un intento para averiguar por qué, Richard Grant nos cuenta una inquietante historia en la que nos habla de enfermedades, incompetencia administrativa, peregrinos borrachos y carreteras que no existen oficialmente.
Una de las especies más amenazadas del mundo no vive en una recóndita selva o en una zona de guerra sino aquí, en Europa occidental y supuestamente bajo la protección de la Unión Europea.
Con sus ojos rasgados, barba afilada, piel con manchas de leopardo y exóticas orejas con mechones, el lince ibérico tiene una curiosa apariencia oriental pero tiene su hábitat en España, Portugal y el sur de Francia.
En 1996 cuando los especialistas en grandes felinos dieron las primeras voces de alarma, la población de linces ibéricos se reducía a unos pocos cientos de ejemplares viviendo en 50 pequeñas áreas aisladas. La organización Word Conservation Union declaró esta especie en peligro de extinción y aviso que la última especie de felino que comenzó a extinguirse fue el tigre de dientes de sable hace ya 10.000 años.
Los gobiernos de la Unión Europea, España y Portugal declararon al lince ibérico al nivel de alerta máxima de protección y dieron instrucciones a las autoridades regionales para preparar planes de recuperación. WWF y otros grupos conservacionistas comenzaron a desarrollar investigaciones científicas, planes de mejoras de los hábitats, programas de reproducción en cautividad y campañas públicas de concienciación.
Once años y muchos millones de euros después 48 de las 50 poblaciones de linces han desaparecido y quedan menos de 40 hembras fértiles en estado salvaje.
¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¿Porqué cuando los europeos han hecho tanto para ayudar a los felinos amenazados en África y Asia hemos fracasado en la protección de los propios?
Dos hechos están conectados, declara Luis Suárez, un especialista en especies amenazadas. Un hombre con la firme determinación de proteger al lince ibérico. “Hemos empezado muy tarde porque el movimiento conservacionista se ha centrado en tigres, ballenas y especies similares y la mayoría de la gente nunca ha oído hablar sobre el lince ibérico. España y Portugal han salido de dictaduras por lo que sus movimientos de conservación han sido lentos en su desarrollo. Cuando nos empezamos a fijar en el lince su extinción ya estaba en un estado terminal”
El lince ibérico, pariente de los linces euroasiáticos y norteamericanos pero lo suficientemente diferente para ser catalogado como una especie propia, ha ido disminuyendo su población en los dos últimos siglos.
Ha ido perdiendo su hábitat debido a la extensión de la agricultura, silvicultura, presas, carreteras o al urbanismo. Ha sido objeto de cazadores, víctima de pesticidas o incluso atropellado por automóviles. Pero lo que le ha llevado realmente al borde de la extinción es la disminución de la población de conejos. Un macho adulto requiere alimentarse con un conejo diario. Una hembra con cachorros necesita de 3 a 5. Hasta hace poco esto le permitía su desarrollo normal. Los conejos eran tan abundantes que más de 30 especies eran sus presas. Una teoría lingüística mantiene que la palabra España se deriva de un antiguo nombre fenicio que significa Tierra de conejos.
En 1952 el francés Dr. Paul Armand-Delille molesto porque los conejos invadían su jardín cerca de Chartres envió a Australia cultivos de virus que causaron mixomatosis, una enfermedad que causa hinchazón, tumores y ceguera en los conejos antes de matarlos.
El doctor inyectó el virus en algunos conejos salvajes de su estado y escribió un informe científico sobre el éxito de su experimento y pronto se convirtió en un personaje desacreditado. La enfermedad casi acabó con los conejos salvajes en Francia y se extendió por los países vecinos.
Cuando la mixomatosis se extendió por España y Portugal en los 60’s mató al 90% de los conejos y los linces comenzaron a morir de hambre.
En Gran Bretaña, Francia y otras zonas de Europa la población de conejos se recuperó después de la primera ola devastadora de la enfermedad cuando los conejos desarrollaron sus famosas habilidades para la cría.
En la península ibérica los conejos han sido presa de tantas especies, incluidos los cazadores humanos que su recuperación ha sido mucho más lenta.
Por si fuera poco, a comienzo de los 80’s otra terrible enfermedad surgió accidentalmente. La pneumonía hemorrágica viral que diezmo nuevamente la población de conejos.
“Ambas enfermedades todavía matan conejos y esto es un serio problema para el lince” comenta Súarez mientras conduce su coche por desde Sevilla hasta el Parque Nacional de Doñana en la costa de Andalucía donde una de las dos especies de lince supervivientes se aferran a la vida en una especie de sistema artificial. La mayoría de los animales están controlados por un sistema de radio que monitoriza sus movimientos permite chequeos periódicos de su estado de salud.
Los conejos son criados y soltados en el parque para que lo linces puedan cazar. Mucho dinero y esfuerzo se ha malgastado en los planes de recuperación del lince en Doñana. Tanto que a pesar de todo su número sigue todavía decreciendo.
La carretera por la que estamos conduciendo, a pesar de sus señales cautelares y los túneles excavados bajo ella para que los linces puedan cruzarla, presenta un elevada mortalidad. Como otra construida recientemente, e ilegalmente, y que atraviesa el mejor hábitat de los linces por el medio. En el último censo había menos de 40 linces viviendo en y alrededor del parque, con únicamente de 5 a 8 hembras reproductoras. Los animales son endogámicos, problema bastante serio por la baja cantidad de esperma y óvulos que presentan, además de la poca inmunidad frente a las enfermedades, y pocas posibilidades de supervivencia e instinto maternal. Es una parte inevitable de toda extinción. Como el pool genético disminuye, la espiral se acelera.
“Ahora tenemos una nueva crisis en Doñana que las autoridades están intentando tapar” dice Suárez. “Cuatro machos fueron encontrados muertos por leucemia felina. La cogieron tras pelearse con gatos domésticos asilvestrados en el Parque y entonces probablemente se propagó entre ellos. Los machos siempre están luchando unos contra otros porque hay muy pocas hembras”.
Un quinto macho fue encontrado vivo con el virus y recibió tratamiento. La esperanza es liberarle de nuevo en su hábitat natural, junto con los animales del Programa de Cría en Cautividad, pero hasta entonces no hay machos apropiados para las seis hembras reproductoras. “Bien, hay un macho que deambula con el que ellas podrían entrar en contacto, pero eso es cuestionable” añade Suárez. “El resto de los linces están fuera del Parque Nacional en un hábitat muy pobre y con un elevado riesgo de coger esta enfermedad”.
Abierto en 1992, el Centro de Cría en Cautividad une el centro de visitantes a El Acebuche. Los linces son guardados en recintos alejados del contacto humano y bajo la constante vigilancia de 32 cámaras. En una habitación control, científicos y voluntarios observan un conjunto de pantallas 24 horas al día, anotando cualquier cambio de comportamiento en cada individuo – arañazos, alimentación, olisqueos, giros, estiramientos, etc. – a veces corriendo para separarlos en las peleas.
Ahora mismo, en la resplandeciente tarde del caluroso verano, todos los linces están en sus guaridas artificiales echándose la siesta ibérica. Ocasionalmente cambian de posición, estiran una extremidad, o mueven nerviosamente un mechón de la oreja. Hay 6 hembras, 3 machos y 19 cachorros extremadamente lindos, 7 de los cuales han nacido este año. Antes de que se estableciera el Centro, nadie había criado nunca linces en cautividad. Había muchos problemas, además de pocos machos.
Después, las hembras criaron intentando matar a sus posibles compañeros. El personal tuvo que hacer diferentes combinaciones de machos y hembras en recintos adjuntos, permitiéndoles marcar su territorio, después buscando parejas que parecieran compatibles antes de juntarles.
Los primeros cachorros nacieron en 2005. En la lucha por salvar la especie, ellos representaban una diminuta pieza del puzzle, pero era un enorme acontecimiento para los medios de comunicación. Llegaron políticos, famosos y equipos de filmación. El público vio a los cachorros crecer en televisión. Después, cuando tenían 45 días de vida, un cachorro mató a una de sus hermanas. La gente estaba horrorizada, los científicos estaban desconcertados. Nadie sabía que éste era el comportamiento normal.
Anastasia Antonevich es una científico de Rusia, lugar donde estuvo estudiando la agresión entre hermanos en linces eurasiáticos. “Es bastante común entre los gatitos de lince eurasiáticos, pero con los gatitos de lince ibérico parece que pasa en todas las camadas y la lucha es mucho más agresiva”, dice. “Hay una fase entre 30 días y 65 días cuando los hermanos y hermanas intentan matarse los unos a los otros. La gente no puede creer que estos dulces gatitos lucharán hasta la muerte, pero ellos son muy ingenuos. Es un camino para eliminar al cachorro más débil”, explica. “El ganador consigue más cuidados y comida. Vemos lo mismo en aves de presa. La madre con frecuencia intentará separar a los gatitos pero esto es muy difícil porque ellos pelean y se encierran tanto que parecen una bola. Una madre estaba intentando romper una lucha y se sentó sobre su cachorro y lo mató. Esta no es una buena madre”.
Pero con la población tan escasa de lince ibérico, la naturaleza no puede permitirse seguir su curso. Cuando ven una lucha entre hermanos, los miembros del equipo se dan prisa y liberan un conejo vivo con la esperanza de que eso les distraerá. Si esto no funciona, usan pistolas de agua, y después escudos de plexiglás, lo que ejerce presión entre los cachorros.
Cuando crecen, los linces jóvenes tendrán la oportunidad de cazar conejos vivos, marcar sus propios territorios e interactuar con otros linces. La esperanza es liberarles en el Parque pero antes de que puedan actuar los gatos asilvestrados, la enfermedad epidémica y un montón de otros problemas que necesitan ser solucionados.
Desde El Acebuche, Suárez me lleva a El Rocío, una pequeña aldea de calles no pavimentadas, caminos para caballos, ancianos olivos y las tradicionales casas blancas andaluzas. Su magnífica iglesia tiene nidos de golondrinas en su campanario, y una estatua de la Virgen llevando un sombrero de ala ancha repleto de flores. “Esto es una parte extraña pero importante de la historia”, dice Suárez. “Ahora mismo se respira tranquilidad en El Rocío, pero una semana antes había un millón de gente por aquí y la mayoría estaban borrachos. Vienen todos los años a una gran procesión para hacer rogativas a la Virgen y celebrar una gran fiesta. Vienen a pie, en burros, en carros, bebiendo todo el camino, encendiendo hogueras, cantando, echando basura por todos los lados, por el medio del hábitat de los linces en el Parque Nacional, donde las visitas están por norma general estrictamente controladas”.
La peregrinación espanta a los conejos y molesta a los linces, y hay pequeñas procesiones por del mismo itinerario casi todos los fines de semana. Habría una masiva protesta si las autoridades intentaran parar o redireccionar estas procesiones por lo que Suárez y los defensores de los linces han comenzado una campaña diseñada para minimizar las molestias. “Nosotros decimos: no encendáis fuegos, no tiréis desperdicios, porque la Virgen no quiere que estropeéis este especial y bello paraje. Esto funciona bastante bien hasta que acaban borrachos”.
Hay además sociedades de cazadores que usan el Parque, causando desbaratamientos adicionales, y un lince murió el año pasado en un cepo dejado por un trampeador. En algunas zonas la gente local puede llevar a sus cabras y vacas a pastar en la hierba que los conejos podrían estar comiendo. Justo en las afueras del Parque Nacional pero drenando su divisoria de aguas y secando ríos y manantiales, hay 6000 ha de cultivos de fresa irrigados, la mitad de ellos ilegalmente con bombas de agua. De nuevo, no hay política que vaya a parar el bombeo ilegal o reducir el cultivo. En el área de Doñana, las necesidades de vida salvaje han sido siempre secundarias a los deseos de la gente, y esto no muestra ninguna señal de cambio.
Dejando Doñana, Suárez toma la carretera pavimentada ilegal. “Antes, había una ruda pista aquí con montones de baches, utilizada por los agricultores locales y los naturalistas. Después en 2001, las autoridades locales la pavimentaron sin ningún permiso o evaluación de impacto. Dividió la población de linces de Doñana por la mitad, y dos linces fueron atropellados y murieron en el primer año y medio. La Unión Europea mandó una carta urgente a las autoridades locales para devolver la carretera a su condición original o acudir a los tribunales”.
Ninguna de esas cosas pasó. En vez de eso, se estableció un compromiso: se construirían glorietas cada medio kilómetro para disminuir el tráfico. Se construyó la primera y poco después un joven iba conduciendo en estado ebrio y se mató. Hubo aullidos de protesta de la gente local, insistiendo en que las glorietas eran peligrosas, y no se construyó ninguna más. En vez de eso, las autoridades pintaron círculos en la carretera y reivindicaron que esto satisfacía sus obligaciones legales. “Mira esto” dice Suárez, pasando sobre una de ellas. “Deberías haber visto las caras de la gente de la Unión Europea que vino aquí. “¿Es esto una broma?” me decían. “No”, les dije. “Y ellos utilizaron dinero europeo para pintarlos”.
Entonces me doy cuenta de que no hay señales de limitación de velocidad. “¿Por qué no se implanta un límite de velocidad bajo?”, pregunto.
“Ahora esto parece una locura”, replica Suárez. “La policía no puede hacer nada porque oficialmente esta carretera no existe. Nunca tuvo permiso y no hay ningún documento que diga que ha sido construida. La policía no tiene jurisdicción sobre ello así que no puede poner un límite de velocidad”.
Por qué no damos por perdidos a los linces de Doñana, me pregunto. Hay demasiados problemas. Parece desesperanzador.
“Perderlos sería absolutamente inaceptable. En España, cuando piensas en un Parque Nacional, en un área protegida, en la vida salvaje, piensas en Doñana. Es nuestro tesoro nacional y el lince es la joya de la corona. Haremos todo lo posible”.
La otra población de linces ibéricos están en Sierra Morena, una sierra de monte bajo como una mancha azul en el horizonte desde la carretera que no existe. La tierra está formada por fincas de caza, todas de carácter privado, dirigidas ante todo para ciervo y jabalí, y también para carneros, conejos, perdices y patos. Durante la época de caza los propietarios recogen suficientes honorarios de los cazadores para pagar el mantenimiento de las fincas. Durante el resto del año hay muy poca alteración humana. Cuarenta lobos sobreviven allí y quizás hasta 130 linces. El año pasado fue bueno para ellos, con el nacimiento de 40 cachorros aproximadamente y un ligero incremento en números globales.
Don Fernando de Andrada Vanderwilde es un aristócrata canoso, sin pelos en la lengua, elegante, con linces, lobos, águilas imperiales, buitres negros y otras especies raras en su finca de 2000 ha en la parte más al norte de Sierra Morena. La mayor parte del año vive en la costa, en el Puerto de Santa María, donde quedé con él para comer en su club de golf.
Pide dos vasos de fino, el exquisito jerez blanco seco de la región, que llega con dos aceitunas verdes, pan grueso y un plato llano de aceite de oliva. “Nosotros solíamos cazar los linces por deporte y porque se comían demasiados conejos”, dice. “Nunca he matado uno pero mi vecino consiguió dos en el mismo día y aplaudí su excelente caza. Eso fue hace muchos años. Nadie dispararía a un lince ahora. La gente está muy orgullosa de tenerlos actualmente y alguno no callará sobre ello”.
Él y algunos otros propietarios de tierras están trabajando con el WWF para hacer sus fincas más amigas de los linces. El WWF les paga por los derechos exclusivos para cazar los conejos. Pero no los cazan y, en vez de eso, liberan más – 2250 conejos desde el año 2000. También plantan árboles para ayudar a los linces a saltar las vallas, y construyen cercados para la cría de conejos, separados con una valla de los tejones, mangostas, zorros, lobos y otros predadores. Los atléticos linces pueden saltar vallas de tres metros, ayudando ellos mismos a los conejos y saltar después.
Don Fernando está contento de recibir el dinero de WWF y los conejos, pero tiene profundas sospechas sobre el movimiento de conservación moderno y ve todas sus peores tendencias en mostrar Doñana. “El dinero siendo gastado allí es ridículo”, dice. “Todos estos aparatos contadores de esperma, aparatos de radio – collar, científicos, técnicos. Las muestras de sangre, vacunas, ordenadores, cámaras, este centro de cría en cautividad… después ellos serán inseminados artificialmente y eso no funcionará. ¿Por qué? Porque el hábitat es malo. Hay demasiada gente, demasiados coches, demasiadas actividades humanas. No puedes pararlo.”
“Lo que está pasando en Doñana no tiene sentido al menos que tú lo veas como un negocio diseñado para tener a toda esa gente empleada”, dice. “Ellos hacen todo para conservar el lince, en el filo del cuchillo de la extinción, porque de otra manera no tendrían trabajo”.
Don Fernando es el Presidente de Amigos del Águila Imperial, una sociedad de propietarios privados trabajando para salvar al animal en peligro de extinción. Ha recibido una condecoración del rey de España por su trabajo de conservación con linces en su finca. Valora las especies en peligro de extinción en España tanto como Suárez; los dos comparten puntos similares pero tienen una profunda discrepancia sobre los métodos.
Según el punto de vista de Don Fernando, los propietarios privados ilustrados como él mismo y sus vecinos son la única esperanza real para las especies en peligro en un área superpoblada como Europa occidental. Tienen el mejor hábitat y el poder para tomar decisiones sobre cómo mejorarlo. No tienen que aumentar el dinero para patrocinar los estudios científicos, las campañas de concienciación ciudadana y los desafíos legales que son necesarios para presionar a los políticos en tomar decisiones que favorecen la vida salvaje sobre la conveniencia humana local y el desarrollo económico.
Una cosa en la que ambos están de acuerdo es en la falta de espíritu de cooperación de la Unión Europea. Con un brazo se ha conseguido que el lince ibérico esté en el puesto más alto en la lista de especies en peligro de extinción. Con otro, se ha financiado y promovido la construcción de un dique, de una carretera y proyectos de agricultura que han ayudado a acabar con algunas de las últimas poblaciones de lince. Ni ninguna de las autoridades regionales preparó esos planes de recuperación para el lince. Andalucía todavía no tiene ninguno.
“Los hechos son innegables”, dice Don Fernando. “Los únicos lugares donde las especies raras están bien es en nuestras manos. Mi padre preguntaría a su guardabosque cuántos lobos habría en su finca. Si hubiese demasiados, mataría a algunos. Si no, les dejaría. Así es como nosotros hemos hecho siempre las cosas. Todo lo que necesitamos es libertad para continuar con nuestras prácticas tradicionales.”
Es un punto de vista profundamente antidemocrático, que no concede al público en general ninguna posibilidad de ver un lince ibérico en su hábitat natural; pero si fueras un lince, ¿dónde preferirías estar? ¿Sobre el prístino hábitat de la finca de Don Fernando, o bajo el tráfico y los peregrinos borrachos y todo el resto?
El Programa de Cría en Cautividad ofende la sensibilidad de Don Fernando más que cualquier otra cosa, especialmente ahora que los linces de Sierra Leona están siendo capturados para participar en el mismo. “Si estos animales no pueden incluso j***r sin nuestra ayuda, ¿qué se va a salvar? dice. “Los jóvenes no tendrán experiencia con parásitos, enfermedades, otros animales, calor y frío. Ellos no sobrevivirán en su hábitat natural. Pertenecen a un zoo. Mi receta para el lince es simple”, dice sonriendo. “Más dinero para la mejora del hábitat, no dinero para j***r. Deben hacer eso por libre”.